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Judíos, Multiculturalismo, y la Lucha contra la Libertad de Expresión en Reino Unido

Andrew Joyce.- Una de las funciones más importantes que TOO (The Occidental Observer) ha desempeñado en los últimos años ha sido la de exponer los esfuerzos judíos para promover el multiculturalismo y amordazar con medidas legales extremadamente represivas cualquier discurso crítico contra la agenda multicultural o que identifique el rol protagonista que desempeñan elementos judíos en su realización. A principios de este año, Brenton Sanderson nos ofreció un impresionante artículo donde ahonda en la guerra que los judíos han declarado contra la Australia blanca, señalando que “además de abrir las puertas a la inmigración masiva no-blanca, una parte clave de esta campaña judía para rediseñar radicalmente la sociedad australiana en favor de sus propios intereses, ha sido prohibir el discurso crítico contra la inmigración y la multiculturalidad, y, en particular, sobre el papel que desempeñan los judíos en la puesta en marcha de estas políticas desastrosas en una población australiana blanca agraviada.

Sanderson indicó los principales métodos con los que la judería organizada desarrolló y ejerció su influencia en ambos frentes, por ejemplo, a través de la formación de “Think Tanks” y la difusión de “informes”, que eran luego enviados al gobierno. La influencia de los Judíos no electos en este proceso es impresionante en su alcance, y también expone la ficción de la democracia. Por ejemplo, Sanderson observó que:

bajo la presidencia (junto a la influencia ejercida “entre bastidores”) del activista judío Walter Lippmann, el influyente Comité en Relaciones con la Comunidad (Committee on Community Relations ) entregó un informe al Parlamento de Australia en 1975, que situó el “multiculturalismo” en el corazón de la política del Gobierno australiano. Se recomiendó que la política social de Australia se formulase sobre cuatro elementos clave. Una de estas recomendaciones, como resumió el judío académico Andrew Markus, fue que: “se debía legislar para prohibir la discriminación racial y defender y promover los derechos a través de la creación de una comisión de derechos humanos. En respuesta a ésta y a otras recomendaciones del Comité, que eran esencialmente las recomendaciones de Lippmann, se adoptó el “multiculturalismo” como política oficial del gobierno en Australia en la década de 1970, y se extendió bajo los Gobiernos de Fraser [1975-1983] y Hawke [1983-1991] en la década de 1980. Por lo tanto, con el fin de alcanzar los objetivos de la agenda multicultural, los activistas judíos lucharon desde un principio por prohibir y sancionar todo discurso crítico contra la inmigración no blanca y el multiculturalismo. El nuevo código discurso de lo políticamente correcto pronto se impuso con el peso de la ley y la promulgación de las leyes de difamación racial y religiosa,criminilizando así a las voces disidentes.

Al comienzo de mi serie de ensayos sobre los intentos judíos por elevar a Spinoza a una importancia casi cósmica en la historia intelectual de Occidente, indiqué la importancia de reconocer patrones, tendencias y similitudes en cómo los Judios, como grupo, abordan una tarea determinada. En el caso de Spinoza, vinculé el afán judío por exagerar su legado con sus esfuerzos, más amplios, en perpetuar la noción de “genio judío.” Presté especial atención en señalar con exactitud los procesos, etapas y métodos empleados.

Del mismo modo, creo que es muy importante para nosotros, como intelectuales y escritores que trabajan por la defensa blanca, mantener un enfoque más general con el activismo judío, y en particular señalar la forma con que estos procesos se repiten  en diferentes periodos históricos y en diversas áreas geográficas. En mi propia experiencia personal, durante las conversaciones con amigos, familiares y colegas sobre cuestiones de raza e influencia judía, tengo más éxito cuando no me centro en la declaración de ciertos hechos sobre el alcance de la influencia judía, sino en los procesos mediante los que obtienen esta influencia. Un hecho evidente es que muchos europeos bien intencionados han sido condicionados por un entorno educativo y unos medios de comunicación corruptos, han sido programados para considerar como ‘teoría de la conspiración’ cualquier declaración desfavorable para el estatus y el bienestar de la comunidad judía. El estigma de la “teoría de la conspiración”, en mi experiencia, sólo es superada por la explicación, a veces de manera exhaustiva, de los métodos complejos, aunque en realidad muy “normales”, mediante los cuales los judíos alcanzan la influencia, y la utilizan para favorecer sus intereses. Demostrar que estos métodos se han empleado repetidamente, de manera uniforme y en diferentes áreas, refuerza el argumento de que, si bien ciertamente existe una conspiración, hay muy poca necesidad de “teoría” por nuestra parte. Los hechos hablan por sí solos y no hay necesidad de conectar “lagunas” con conjeturas espurias o, como se suele decir, con “chivos expiatorios”. Con una investigación cuidadosa y prolongada, desenredando las diferentes hebras que componen el activismo judío, podemos llegar a una narrativa capaz de impresionar incluso al más estrecho de miras de entre los blancos liberales.

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Judíos, los Amos del Porno: la Promoción Sistemática de la Desviación Sexual

Dr. Lasha Darkmoon.- resulta cuanto menos chocante descubrir que dos de los padres de la Revolución Sexual eran unos pervertidos sexuales con una misión evangélica en la vida: infectar a la sociedad con sus ideas extravagantes y convertir el mundo en enorme “Masturbatorium”.

Me refiero al principal investigador sexual del SXX, Alfred Kinsey (1894-1956) y su famoso contemporáneo, el culto psicoanalista Wilhelm Reich (1897-1957).

Inmersos en las peligrosas fantochadas del fraudulento (además de judío) Freud – ver aquí y aquí – tanto Kinsey como Reich abrazaron con entusiasmo el laissez-faire (“todo vale”) de la filosofía Freudiana: “Abogo por una vida sexual incomparablemente más libre”. Al igual que su mentor vienés, les habría encantado añadir: “Si sólo los estadounidenses supieran — les estamos trayendo la plaga!”

De acuerdo a Freud y sus seguidores, el antisemitismo era una patología universal con raíces en la represión sexual. Su cura consistía en la “liberación sexual”. La teoría, en su forma más cruda y simple, equivale a: en vez de meterse con los Judíos, ¿por qué no relajarse y tener sexo?

El supuesto subyacente aquí es que el sexo es el gran libertador y que todas las frustraciones políticas y económicas pueden ser aliviadas con la actividad sexual — en particular, con sexo obsesivo y adictivo. Las personas que se pasan todas las horas de vigilia buscando estimulación sexual son, evidentemente, incapaces de organizar pogromos, montar revoluciones sangrientas, o convertirse en una amenaza para los ricos y poderosos .

Esto, en pocas palabras, era la filosofía de Wilhelm Reich, sumo sacerdote de la “industria de la masturbación”, por usar una frase de la obra magistral de E. Michael Jones Libido dominandi, donde se estudia a Kinsey y Reich con gran detalle.

El sexo, según los filósofos de la Revolución Sexual inspirados por Reich, ha de ser la panacea para todos los problemas de la sociedad: el nuevo opio del pueblo. Si la gente no puede tener pan, dejad que coman pasteles. Si no pueden tener trabajo, seguridad, autorrealización, tener un propósito válido en la vida, dejadles tener sexo como sustituto. Si no hay otra cosa disponible, el sexo recreativo proporcionará una distracción útil y le dará a la gente algo que hacer.

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Exministro de Asuntos Exteriores de Australia confirma que el Lobby Israelí controla la Política exterior del País

Former Australian Foreign Minister Bob Carr

Bob Carr, Exministro de Asuntos Exteriores de Australia

Brenton Sanderson.- En mi serie de extensos ensayos titulados “La Guerra contra la Australia Blanca” describí cómo el activismo judío fue fundamental para poner fin a la política de la Australia Blanca y dar inicio a la inmigración masiva no-blanca que está transformando rápidamente esa nación. Además, mostré cómo el activismo judío se encargó de establecer la multiculturalidad como base ideológica y legislativa para las políticas sociales en Australia. Recientemente he explorado el papel de los judíos en su puja por la promulgación y extensión de leyes que prohíben el discurso contrario a sus intereses. Dado el profundo impacto de la etno-política judía en la nación australiana, nadie se sorprenderá al saber que la influencia judía se extiende también en la determinación de la política exterior del país.

El Exministro de Relaciones Exteriores de Australia, Bob Carr, ha confirmado recientemente que, en efecto, así es. Señalando que la política exterior de Australia (en particular con respecto a Oriente Medio) estaba siendo prácticamente dictada por la Judería organizada. Carr, ministro de Asuntos Exteriores del Partido Laborista de Australia de marzo de 2012 a septiembre de 2013, hizo sus comentarios mientras promocionaba su nuevo libro Bob Carr: Diario de un Ministro de Asuntos Exteriores. En declaraciones a la Australian Broadcasting Corporation, Carr arremetió contra el “lobby pro-Israel en Melbourne”, diciendo que ejercía una “extraordinaria influencia” en la política exterior de Australia durante su tiempo en el gabinete de Julia Gillard. Como informó The Guardian:

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