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Guía para reconocer un Atentado de Bandera Falsa

Me veo obligado a escribir este artículo por el aumento en la frecuencia de atentados de bandera falsa que ha habido en los últimos años. Me parece un tema muy importante que debe ser analizado, sobre todo porque la inmensa mayoría de la gente, incluso entre la minoría “despierta”, se rinde al instinto de manada y cae de la forma más patética frente a las burdas campañas mediáticas que acompañan a estos atentados.

Siento una gran aflicción cuando veo que gente supuestamente consciente de la labor de propaganda que cumplen los medios de comunicación, se cree sin embargo los panfletos con que nos bombardean de forma unánime después de tener lugar estos eventos de evidente patrocinio estatal, como puede ser el famoso “yihadista” de Toulouse en 2012, en su día el 11 de septiembre de 2001, luego el 11 de marzo de 2004 en Madrid, 7 de julio de 2005 en Londres, los atentados de Boston en 2013, etc.

Comencemos con la definición:

Las operaciones de bandera falsa son operaciones encubiertas llevadas a cabo por gobiernos, corporaciones y otras organizaciones, diseñadas para aparecer como si fueran llevadas a cabo por otras entidades.

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EEUU, colonia del Imperio Británico Rothschild S.A bajo control Judío

Un pequeño compendio de entrevistas y declaraciones exponiendo el control judío en EEUU. También comento el crimen ritual judío, el origen de las agencias de inteligencia modernas, y Jew York como capital judía mundial.

Judíos, Multiculturalismo, y la Lucha contra la Libertad de Expresión en Reino Unido

Andrew Joyce.- Una de las funciones más importantes que TOO (The Occidental Observer) ha desempeñado en los últimos años ha sido la de exponer los esfuerzos judíos para promover el multiculturalismo y amordazar con medidas legales extremadamente represivas cualquier discurso crítico contra la agenda multicultural o que identifique el rol protagonista que desempeñan elementos judíos en su realización. A principios de este año, Brenton Sanderson nos ofreció un impresionante artículo donde ahonda en la guerra que los judíos han declarado contra la Australia blanca, señalando que “además de abrir las puertas a la inmigración masiva no-blanca, una parte clave de esta campaña judía para rediseñar radicalmente la sociedad australiana en favor de sus propios intereses, ha sido prohibir el discurso crítico contra la inmigración y la multiculturalidad, y, en particular, sobre el papel que desempeñan los judíos en la puesta en marcha de estas políticas desastrosas en una población australiana blanca agraviada.

Sanderson indicó los principales métodos con los que la judería organizada desarrolló y ejerció su influencia en ambos frentes, por ejemplo, a través de la formación de “Think Tanks” y la difusión de “informes”, que eran luego enviados al gobierno. La influencia de los Judíos no electos en este proceso es impresionante en su alcance, y también expone la ficción de la democracia. Por ejemplo, Sanderson observó que:

bajo la presidencia (junto a la influencia ejercida “entre bastidores”) del activista judío Walter Lippmann, el influyente Comité en Relaciones con la Comunidad (Committee on Community Relations ) entregó un informe al Parlamento de Australia en 1975, que situó el “multiculturalismo” en el corazón de la política del Gobierno australiano. Se recomiendó que la política social de Australia se formulase sobre cuatro elementos clave. Una de estas recomendaciones, como resumió el judío académico Andrew Markus, fue que: “se debía legislar para prohibir la discriminación racial y defender y promover los derechos a través de la creación de una comisión de derechos humanos. En respuesta a ésta y a otras recomendaciones del Comité, que eran esencialmente las recomendaciones de Lippmann, se adoptó el “multiculturalismo” como política oficial del gobierno en Australia en la década de 1970, y se extendió bajo los Gobiernos de Fraser [1975-1983] y Hawke [1983-1991] en la década de 1980. Por lo tanto, con el fin de alcanzar los objetivos de la agenda multicultural, los activistas judíos lucharon desde un principio por prohibir y sancionar todo discurso crítico contra la inmigración no blanca y el multiculturalismo. El nuevo código discurso de lo políticamente correcto pronto se impuso con el peso de la ley y la promulgación de las leyes de difamación racial y religiosa,criminilizando así a las voces disidentes.

Al comienzo de mi serie de ensayos sobre los intentos judíos por elevar a Spinoza a una importancia casi cósmica en la historia intelectual de Occidente, indiqué la importancia de reconocer patrones, tendencias y similitudes en cómo los Judios, como grupo, abordan una tarea determinada. En el caso de Spinoza, vinculé el afán judío por exagerar su legado con sus esfuerzos, más amplios, en perpetuar la noción de “genio judío.” Presté especial atención en señalar con exactitud los procesos, etapas y métodos empleados.

Del mismo modo, creo que es muy importante para nosotros, como intelectuales y escritores que trabajan por la defensa blanca, mantener un enfoque más general con el activismo judío, y en particular señalar la forma con que estos procesos se repiten  en diferentes periodos históricos y en diversas áreas geográficas. En mi propia experiencia personal, durante las conversaciones con amigos, familiares y colegas sobre cuestiones de raza e influencia judía, tengo más éxito cuando no me centro en la declaración de ciertos hechos sobre el alcance de la influencia judía, sino en los procesos mediante los que obtienen esta influencia. Un hecho evidente es que muchos europeos bien intencionados han sido condicionados por un entorno educativo y unos medios de comunicación corruptos, han sido programados para considerar como ‘teoría de la conspiración’ cualquier declaración desfavorable para el estatus y el bienestar de la comunidad judía. El estigma de la “teoría de la conspiración”, en mi experiencia, sólo es superada por la explicación, a veces de manera exhaustiva, de los métodos complejos, aunque en realidad muy “normales”, mediante los cuales los judíos alcanzan la influencia, y la utilizan para favorecer sus intereses. Demostrar que estos métodos se han empleado repetidamente, de manera uniforme y en diferentes áreas, refuerza el argumento de que, si bien ciertamente existe una conspiración, hay muy poca necesidad de “teoría” por nuestra parte. Los hechos hablan por sí solos y no hay necesidad de conectar “lagunas” con conjeturas espurias o, como se suele decir, con “chivos expiatorios”. Con una investigación cuidadosa y prolongada, desenredando las diferentes hebras que componen el activismo judío, podemos llegar a una narrativa capaz de impresionar incluso al más estrecho de miras de entre los blancos liberales.

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